Oigo
tu caminar por el pasillo
y me despierta.
Te has quedado desvalida
y a ratos menos cuerda.
Permanezco
mirando el techo
y no veo nada más que esa estela absurda
que deja la angustia.
Necesito
que sigan tus pasos en la oscuridad,
que tu memoria persista.
Y es
más grande todo, pero menos ligero,
como el peso que ya no soportas.
En
eso nos transformamos:
en una necesidad de seguir esa vinculación,
en una extensa cuerda que tira
en una memoria de lo impreciso.
De:
“Memoria”
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