El toro
Embiste
porque escucha la bravía
llamada
de los genes de una herencia
que
lleva la pasión de su querencia
al
último suspiro de agonía.
Unidos
bajo el sino de este día,
febril,
el animal por su existencia
y
el hombre, recamado de presencia,
se
enfrentan con airosa gallardía.
La
espada, tras su vuelo triunfador,
reluce
entre las puntas del astado;
llegados
al litúrgico estertor,
refleja,
como en un altar sagrado,
el
éxtasis del toro y el torero
a
solas sobre el ara del albero.
Artesana,
29-10-13
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