lunes, 29 de enero de 2024

LUYS D’ARIEL

 

 

 

«Atómica» Boyé, especialista en autoayuda

 

¿Por qué me dejé abatir por los cambios hormonales
y me fui pudriendo en mis propias lágrimas,
como Roxana Plath,
la antigua novia de Eduardo, cuyo cuerpo acabó en el río
comido por los peces? En el informe decía
que se había suicidado, pero todos sabemos
que la mató el amor.
¿No era acaso una señal que, por aquel entonces,
leyera vorazmente a Alfonsina, Pavese o Paul Celan?
Imaginé mil formas de acabar mi vida incapaz de imaginar una razón
para seguir viviendo. Desde arrojarme al río
como la Wolf,
con mi abrigo lleno de piedras, hasta tomar pastillas
como Alejandra…
¿Por qué, después de tanto darle vueltas,
decidí dejar el sexo y el alcohol
para centrarme en mi presente con la ayuda inestimable
de El monje que vendió un Ferrari?
¿Por qué no matarlo a él, sí, a él, que me dejó
por esa perra faldera?
En vez de eso, me aferré al ahora,
meditando cada diez minutos, desarrollando
autocontrol y resiliencia.
Y así, seguí leyendo libros de autoayuda
hasta quedarme ciega (dicen que por glaucoma).
¿Pero por qué seguí leyendo? ¿Por qué seguí leyendo,
cuando hubiera sido más fácil cerrar los ojos y olvidar?
¿Y por qué mis ojos, que ya no ven,
miran sus fotos siempre?

 

De: “Poemas de Country Club”

 

 

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