Buena
Había en un momento un mantra que decía así. No eres menos capaz de lastimar
que de ser lastimada. No eres menos capaz de curar que de ser curada. Tú, por
supuesto, no te lo creíste. Y lo del daño, menos. Día tras día, hundías los
tobillos en tus intenciones más decentes como en los arroyitos que deja la
marea. No tienes que ser buena, dice un verso. Pero tuviste que. Tuviste, y
querías serlo y querías serlo. Aún así, miraste de reojo. Aún así, te
aferraste, estrujaste, guareciste, rehusaste y cuchareaste sopas cancerígenas
en una olla prestada. Aún así dobló de golpe tu deseo. No eres menos capaz de
lastimar que de ser lastimada. No eres menos capaz de curar que de ser curada. El
agua, deslumbrante, se enroscó despacito entre tus pies.
Versión
de Daniel Lipara
De:
“Centro”
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