sábado, 2 de diciembre de 2023

ESTEFANÍA ARISTA

 


 

Shadowboxer

  

He golpeado con los puños
incorrectamente
—crochet, directo, gancho—
contra síntomas que antes no eran
más que un así es de distraída,
—directo— así es llorar tarde,
—finta— y llorarlo todo.

El dolor es un espacio pequeño,
una casa
donde se cierran las ventanas
y me protejo.
Me mantengo alerta,
lista para el choque eléctrico
—la descarga anómala—
dentro del ring.

Boxear es un arte
y diría que es mi llamado,
I do it exceptionally well,
I do it so it feels like hell.

Ahora me obligo a mejorar
la defensa, girar mi cadera
para evitar los golpes,
—uno, dos, jab izquierdo y cruzado—.

He golpeado incorrectamente
durante veintidós años
en cada consultorio médico:
and if I let him get too close to me
he’ll set his spell on me.

Boxear es asistir al sepelio
de lo enfermo.
Las sogas no son mi materia:
prefiero que mis pies
caigan en el primer round,
—directo, crochet, gancho—
a que cuelguen en el aire.

No se lo cuento al psiquiatra
ni lo escribo
ni doy el salto.
Veo al hombre
hablar desde las esquinas
—diez, nueve, ocho, siete…—
y lo decido cuando ya no boxeo
con los puntos a mi favor.

 

De: “Hipocampo”

 

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