V
Nunca
disfruté las maquinitas de videojuegos en la niñez, ni siquiera el
Pac-Man. No pude ser una de esos niños que se aferran a ellas y entrenan como
si fueran a ir a la guerra. Tampoco logro aferrarme a la máquina de atrapar
peluches, pero me relaja ver a los ludópatas pescar muñecos. Veo cómo se vacía
el contenedor transparente. Tengo una epifanía: me veo a mí, niña gimnasta, en
la alberca de hule espuma entrenando la fuerza de las piernas, solo que los
peluches ocupan el lugar del hule espuma. Corro, cargo esta musculatura entre
osos polares y pingüinos con moños. Yo, la máquina de pisotear peluches.
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