Sombra
de rayo
(fragmento)
3.
El
país siempre un mazo repartido entre tahúres.
El resto actuaba su papel.
Los mirábamos desde la cama
caída de otro tiempo.
Le daban forma a las instituciones.
Iban por las calles sofocadas,
en el tiempo correcto.
Aceradas las armas sobre el público,
dejaban manchas de sangre al avanzar,
dejaban platos vacíos.
Es el poder de la violencia —decían—
Nadie se asusta, únicamente duerme la ciudad.
Los mirábamos desde la cama, nuestro limbo.
Y en él, había un pozo:
cuanto escalara del fondo yacía con nosotros.
Era entonces el turno del segundo dios:
el toro coronado de guirnaldas
nos llevaba al olvido.
De: “El
hombre flaco del cuento negro”
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