Niños
Semilla
sentada en el vientre del crepúsculo, en el triste
aire vibrante de agujas de la fuente, temor
crecido en viento o árboles —como niños irreales, alegres
y perdiendo su brillo— fruto que el suelo ha de dar,
pequeños como el tictac de un reloj, como el silencio, se mueven
en qué incierto y vasto sobre de amor.
Han
sido enviados, regalos o cartas de ruego (aunque
sin abrir), a la noche fría y sin súplica,
—el tiempo peligroso, cansado, el mundo apagado de los viejos—;
sin duda el árbol se cansa de su fruto,
se cierra el útero del ser, el niño de la maduración:
sin duda la fuente rebosa el manantial.
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