Es
el infierno
le
dije,
sí, esto es el infierno.
Que Dios le conceda
una semana como obrero de los Hornos.
No,
señora,
usted que escribe
no haga bromas con Dios.
La
fundición es un trabajo honrado.
No huele bien,
se irritan los ojos,
y, si se descuida uno,
puede morir ese día.
Perdón,
le pedí perdón
porque me pareció lo único decente.
Sin
ira en el pecho,
dijo de nueva cuenta:
Es
un trabajo honrado.
Y en
ese momento jaló una cadena con fragor suficiente
para volcar dos toneladas de magma de acero.
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