El Laurel
De
Dafne aun en tu corteza treme
el casto corazón que se aprisiona,
y Febo te entreteje a su corona
y su aljaba y laúd tu amor no teme.
Aunque
el invierno los follajes queme
de la undívaga selva, no abandona
jamás tu brillo el bosque, que blasona
gozar vida de un dios, sin que blasfeme.
El
rojo tinte de tus frondas trémulas,
del rosicler y de las llamas émulas,
en mi frente ceñir jamás anhelo:
una
gota de láudano quisiera,
—de esa tu sangre,— que el sopor trajera
a mi ansia inquieta y a mi estéril celo.
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