Árboles
que mueren
Se
va desgarrando la selva
por los cuatro costados del viento
lleva en la piel envenenada
sortilegios de todos los tiempos
las tinajas de cada duende
y el oro azul de los ríos muertos.
Poco
a poco se va callando
su ronca lluvia sin derrotero
con raíces de oscura herida
mordiendo llagas de largo incendio
los pájaros agonizantes
bajo un rosario de dientes negros.
Al
exilio se va la sombra
loca y desnuda, ya sin misterios
se arrastra en la marcha sin luna
con ojos vacíos y sedientos
y un cortejo de orquídeas secas
vomitando pétalos de miedo.
Los
arcos azules del monte
mortajas fantasmales muriendo
son las tumbas de las semillas
que parecieran buscar mi pecho
para ser barco, ser guitarra
o un corazón renacido en ecos.
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