La
próxima guerra
La
larga guerra había terminado.
Sus miserias se habían desvanecido.
A los sordos costaba hablarles,
Los héroes se volvieron tediosos.
Aquellos alquimistas
Que convirtieron sangre en oro
Habían envejecido.
Pero
celebraron una reunión,
Diciendo:
«Quizá
deberíamos
Levantar tumbas
O erigir altares
A aquellos valientes muchachos
Que tan gustosamente fueron quemados,
O cegados,
O mutilados,
Que perdieron todo parecido con lo vivo,
O fueron reducidos a sangrientos jirones
Por nosotros.
Quedaría bien.
O incluso podríamos educar a los niños».
Pero
el más rico de aquellos magos
Tosió suavemente;
Y dijo:
«Yo
siempre he estado en el frente
—en empresa privada—,
No cedo en espíritu público
Ante nadie.
Creo que vuestra idea es muy buena
—excelente—
Y no demasiado costosa…
Pero me parece
Que la causa por la que luchamos
Está otra vez en peligro.
¿Qué memorial más adecuado para los caídos
Que sus hijos
Caigan por la misma causa?»
Saliendo
apresuradamente a la calle,
Los amables ancianos gritaron
A los jóvenes:
«¿Vais
a sacrificar,
Por vuestra apatía,
Lo que vuestros padres murieron por lograr?
¡El mundo debe hacerse seguro para los jóvenes!»
Y
los niños
Fueron…
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