Un
bohío en la tundra
Mi
abuela es un león flaco de la Siberia
Frotándose
Contra las paredes descorchadas de la casa
Se arranca las malas pulgas.
Hambriento, se balancea sobre el fogón de luz brillante
Viene hacia mí, desde el centro de la cocina
Quejándose de la comezón que deja una piel cuarteada y reseca.
Este
león me asistió mientras dormía
Y me quitó el sueño
¿Qué hace despertándome a esta hora de la mañana?
Me habla de cuántas gallinas habrían muerto o cuántas le habrían robado,
De la soga de la bestia que rompió su piel y le dejó una llaga que nunca dejó
de abrirse en la pierna izquierda:
El cansancio de criar animales
Cuenta —un león lleno de úlceras y de dolor—,
Las cosas que se hacen con el suero de la leche y con las vísceras
Cuenta,
Aullando en la noche con los ronquidos asmáticos del invierno,
Bajo el polvillo que sueltan las tablas de madera
Por donde pasan sigilosos
Los guayabitos recién nacidos del sembrado de frutabomba que crece justo al
lado de su ventana.
Aquí
tienes león hambriento un cangre de yuca fresca
Para que lo devores.
Y se lo pone en la boca como diez caramelos
O como diez chocolates.
Rumea el olor del dulce y el olor de los mangos maduros.
Piensa en el sabor cristalizado
Cómo se deshace en la saliva de su lengua áspera.
Piensa que sus patas son inservibles para el trabajo de la caza
Y se lamenta,
Echado al sol lamiéndose la herida
Untada de cualquier cosa, yerbas machucadas, colonia, millo mojado,
gentamicina.
Estoy
escribiendo un poema sobre mi abuela
¿Te dije que eso me despertó hoy?
Una imagen,
Mi abuela era un león enfermo.
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