El
fénix
Han
muerto mundos para que vivan,
vistan sus plumas más hermosas,
y en sus cantos otra vez vibren
bienvenidas a lluvias asombrosas.
Einstein
es colega de Bacon,
Huxley comparte el pan platónico,
y los rayos violetas sólo son
sol rebautizado en aire irónico.
En
esta casa, si en ninguna otra,
pasado y porvenir se reconcilian:
cada uno es sí mismo y el otro,
unidos en extraña melodía,
hallando ambos su lugar preciso
en el abrazo de la seda tibia.
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