Las
campesinas
Con
las cántaras llenas de agua muy clara
vienen las campesinas por la vereda,
contándose historietas, viejas y raras,
de los gnomos que habitan en la arboleda.
Y al
contoneo alegre de sus caderas
salta el agua que corre por sus mejillas…
¡Parecen, cuando bajan por las laderas,
un manojo divino de campanillas…!
¡Oh,
campesina alegre, de piel tostada,
que cruzas inocente por los senderos:
se adivina en el fondo de tu mirada
la esplendorosa lumbre de los luceros…!
¡Oh,
linda campesina, si yo pudiera
ir como tú, descalza, por la montaña,
y bajar hasta el río, por la ladera,
a bañarme en las linfas con que te bañas!
¡Y
regresar alegre por los senderos
con mi cántara llena de agua y rocío,
llevando en mis pupilas luz de luceros
y en mis carnes aromas de selva y río…!
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