Jan
Yunis
De
nuevo fue preciso dejar que las palabras,
girando sobre el eje de la enseña,
descalzaran su ruta hacia el abismo.
Sin faja ni aderezos,
las palabras matriz, elementales,
no hubieron de encubrir ninguna lágrima:
conteniendo la ira
regresaron al ser los cimientos del mundo.
Los profetas erraban inventando lenguajes,
disponían las ruines fronteras del nosotros
pulimentando espejos,
infectando los ríos que marcaban el límite
Se echó a temblar el mar
tras palparse el estómago vacío.
Los amigos del héroe barnizaban el podio
y teñían con sangre la seda criminal de sus banderas.
Una vez más, otra vez más, sin prisas,
mi madre nos tomaba de la mano para iniciar la marcha:
volvíamos a no ser de patria alguna.
De:
“Los latidos contados”
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