Me
elijo a mí
Perdí
intensidad,
reconozco haberme perdido
en cada una de las páginas de mi cuerpo,
apuntando con cada bala perdida
al pasado inalcanzable,
como si disparara contra estrellas que ya no existen.
Me
estoy reconstruyendo.
Los atajos de la casualidad
me llevan a reencontrarme con todos los rincones
de mi cerebro en los que me había sumergido
y no conseguía salir a flote,
una vieja galaxia que retomo
para volver a ponerla en órbita.
Y se
expande el miedo en este vacío sideral,
en cada uno de los planetas en los que he estado.
Me
levanto una y otra vez.
Empiezo a respirar profundamente,
y a poder ver más allá de oler un nuevo amanecer
en esta habitación en la que huele a nuevo
cada día sin descomponer
cada momento del silencio,
cada silencio que solo soy yo
en esta cama llena de mí.
Me
oxigeno en mi aire libre.
Invierto en mí todo el tiempo que necesito,
aspiro,
y suspiro el alivio de verme amanecer
y de saber que puedo sentirme enamorado
sin dejar de ser mi propio centro de gravedad.
Me
recompongo en cada uno de los momentos que me dedico.
Se me desinfectan las cicatrices
que ya no se sienten cada vez que leo los versos
y los sorbos de los brindis por el camino que he elegido.
Me
actualizo debidamente con mi presencia.
Te aseguro que me he preguntado a mí mismo
por qué me sumí en aquella historia
y me responde una y otra vez mi cuerpo
con la misma respuesta:
el invierno en esta ciudad no termina nunca.
Pero ahora me elijo en cada pulsación.
Y me
siento,
sin que nadie más lo sienta.
De:
“La trayectoria del Big Bang”
Nota:
Redry es el seudónimo del poeta David Galán
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