Qué
dulce eres, amor
Cómo
reaviva tu voz el muerto manantial de
la justicia, ese rincón que ayer fue nuestro
sin saberlo.
Como
si nada hubiese sido este rodar los días
y las noches por una brizna de luz.
Por
este almíbar tuyo que hoy se filtra y
vuelve a alimentar la vieja tierra.
De:
“Un refugio en la espesura”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario