La
lluvia
Desciende,
ordenada y serena
como metal.
Primero la huella, luego el color
con que clausura la caída.
Las sombras, con su ritmo,
las calles como altares, luego.
Se cuelan
por la corteza rincones,
y todo lo que arrastra se olvida:
el viento, el polvo, lo ausente,
(no
se puede comparar la lluvia
sino con el vestido derramado
o la moneda al aire, que iniciaron
su curso)
mientras
la luna se hunde y se abre
como metal, que se queda y se pierde.
De:
“Asombro”
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