Lobo
y hombre
Desde
siempre: hombre y lobo,
antes que la rueda y la primera chispa
del fuego.
Cuando
formó el canto de la piedra,
la daga en el cuero y la espiga como lanza.
Dios
no existía como existe ahora.
Dios era el humo que desaparece,
la lluvia, el pantano que ahogaba
a las bestias.
Dios no era lenguaje ni verbo.
Dios no era nada. El hombre era lobo.
El
aullido -porque ambos aullaban-
hacía crujir tierra y luna por igual.
Hombre
y lobo aullaron juntos.
Templaron la luna como al hierro
hasta hacerla redonda y hueca.
Después,
la palabra distanció
al lobo del hombre: perro y hombre.
La
pintura rupestre fue hecha por lobos
u hombres que aún se sentían lobos.
Mordían
las plantas, salivaban la tierra.
Hay rastros de uñas largas en las rocas.
En las cuevas, los primeros artefactos.
La domada crin de la hoguera.
El
aullido de los perros nos espanta o atrae,
según sea nuestra cercanía con el lobo.
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