Me
hice selva
Me
buscaba. El camino estaba poblado de una yo
preguntándole a las piedras, ¿dónde está Carolina?
Por ello, sacudí el hambre, la invasión;
tomé mi cuerpo y, crustáceo, lo coloqué en otra concha.
Dejé que las plantas, los grillos y la risa de un niño le envolvieran en
compresas.
El pequeño fingió ser el azote de los mares. Corrí.
Nos perseguimos. Respiré la luz que quiebra la columna vertebral de los cocos.
Crustáceo, nací en tenazas, me hice al salitre del océano.
Crecí en verdes y rojos, crecí algas marinas, manglar. Me hice selva.
De: “Una
vez habité una isla”
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