Arriba, abajo
Arriba,
lejos de mis pies
las nubes errabundas. Oculto el sol
tras días de apacible espera.
Lluvioso el corazón arrepentido
y, dura, inexpresable la palabra.
Abajo,
aquí la tierra, el sustento
de todo lo que pienso. La realidad
que sostiene la poesía.
Y
entre las nubes y el polvo
que camino, yo,
el solitario,
el hombre de la duda,
sin Dios,
apenas equipado con unas cuantas
lágrimas
y la breve sonrisa de estar seguro
de lo incierto,
del viento que arrastrará un día
lo que pude tener y nunca tuve.
Arriba,
abajo,
todo el milagro de vivir
desesperadamente.
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