Augurio
Moriré
loco,
maldiciendo nombres terrenales y celestes,
haciendo epitafios en piedras y árboles
de muertos que nunca vivieron.
Moriré entre las multitudes,
como mueren los verdaderos solitarios:
entre voces propias y ajenas,
entre cruces y nombres desconocidos,
entre aguas enfermas y aromas de flores extrañas,
entre horas prestadas y compañías hostiles,
entre el destierro de tus brazos
que nunca me conocieron,
entre el miedo interminable
de quien no conoció
y siempre supo su destino.
Moriré loco,
moriré en mi exilio interior,
donde ningún alambrado me venció,
donde los frutos fueron siempre longevos
y las tardes una calma gris,
como aquella de la que no volví
mientras escribía en una piedra tu nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario