Blasfemia
Flotan
mezquitas e iglesias en nuestros recuerdos,
en
sus muros se estrellan plegarias sinsentido
que
partirle el corazón a dios no han conseguido,
pues
continúa, entre tambor y campana, latiendo.
Mezquitas
e iglesias suntuosas en zonas miserables…
espadañas
y alminares sobre nuestras barracas…
voces
del muecín y el cura, su canto deleznable…
¡Oh
pintura ideal, antigua, milenaria!
Flotan
mezquitas e iglesias en mentes de creyentes.
Los
tañidos se enredan con la voz del pregonero,
sobre
sotanas y barbas de hoxha la virtud resplandece.
¡Oh,
cuántos bellos ángeles a la puerta del infierno!
En
milenarios castillos posan cuervos doloridos,
con
las alas abatidas — seña de desesperanza
hablan
de tiempos de antaño con angustiosos graznidos,
cuando
los viejos castillos de contento fulguraban.
De: “Versos
libres”
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