Primero
en todo
(Diálogo
frente a un retrato de
Fanny Calderón de la Barca)
pedacito de patria que sabe
sufrir y cantar
Agustín Lara
—Una
serie de pulcras idioteces divididas por punto decimal. Que si el puerto era el
primero en todo el continente, que si aquí aposentó sus reales el magnífico
Humboldt, que si vino la dama y señaló que acá todo era delabré.
—Ya puedo imaginarla, con sus ojos de asombro, sus brocados de seda y sí, esa
mirada azul de no puedo creerlo. ¿Dónde vine a parar?, pensaría la señora.
Buzas con el tirabuzón, escuchaban sus criadas y pobrecita, ella, con el
tirabuzón pegado hasta en la frente: el piojo del calor.
—Una pocilga, sí, pero no importa. Los oriundos adoran la ciudad sobre todas
las cosas y la ponen “en un pedestal más alto que a cualquier otra parte del
mundo”. Ay la marquesa, en qué almohada de chinches recostó la cabeza.
—Te recuerdo que escribió sobre flores, emblema principal de la ciudad. Por
todos lados, flores, y en cualquier ocasión: que si para las vírgenes, que si
para los santos, que si en los tendajones, escribió.
—Sí, Fanny, (tendríamos que decirle), acá hay todas las flores aunque nadie
acostumbre ponerlas en florero. ¿Para qué, si con mirar la selva se te llenan
los ojos?
—¿Cuál selva? Quieres mortificarme. En una carta dijo: “Nada existe en México
que parezca vulgar. Todo alcanza grandes proporciones y todo tiene un aire
pintoresco”.
—¿Y ya olvidaste al gordo, al cacique gordo de Cempoala? No están equivocados:
acá, la traición fue primero.
—Hablábamos de Fanny. Siempre lo cambias todo.
—Qué importa la voz de la marquesa. Si se trata de flores, la única que
encuentro es la bien reputada Dionaea muscipula, Venusatrapamoscas.
—Pero, ¿ya probaste el café?
—Y tú, ¿ya te fijaste que la palabra “todo” sólo tiene su anverso? No existe un
sinónimo exacto.
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