La
belleza
A Jean Royère
No,
no desciendo de la gracia divina,
Una caída del cielo no es mi camino.
Asciendo gradualmente desde el barranco inferior
Y mis alas están hechas de esperanza humana.
El sacerdote
que me vende y cuyo fuego me llora
Envidioso de un yo más arrogante mañana,
Me tiende día a día al dios que adivina,
Homenaje de su frente tanto como de su mano.
El
infinito me contempla perfeccionar la suma
En mi ascenso progresivo del hombre,
Amplia obra maestra de su libertad,
Hasta
la hora sublime cuando, habiendo alcanzado la cumbre,
Por siempre entero, entraré en la fiesta,
Deviniendo en la esposa de la eternidad.
15 de enero de 1934
Versión
de Mario Chávez Carmona
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