Al
mismo asunto
Ave
que te llevó tu fantasía
a vagarosos piélagos del viento,
al sol, cuando calzaste el ardimiento,
las plumas del espíritu del día.
Conceden
tanto mar de argentería,
entre respiración y movimiento,
cuando encendido, inmóvil, el aliento,
fuiste centella de su abismo fría.
Te
derretiste, tan de luz avara,
que cuando un Mongibelo desataste,
no volviste señal de una centella;
porque
la emulación no te intentara
apagar el ardor, más afectaste
perderte polvo que bajar estrella.
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