La
visión del Amor
De
noche, en brazos el uno del otro,
contentos, plenos de gozo, descansando muy, muy hondo en la oscuridad,
¡He aquí! los cielos se abrieron y Él apareció—
Aquel a quien ningún ojo mortal puede ver,
a quien ningún ojo nublado por la Preocupación,
a quien ninguno que busca esto o aquello, a quien ninguno que no haya escapado
de sí mismo.
Allí—en la región de la Igualdad, en el mundo de la Libertad ya sin límites,
erguido como un pico elevado en el cielo sobre las nubes,
oculto desde abajo, y sin embargo para todos los que pasan a esa región
perfectamente visible—
Él, el Eterno, apareció.
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