domingo, 18 de enero de 2026

ANA PÉREZ CAÑAMARES

 

 

 

Cuando ames las arrugas del vecino

la vecina contigo adore al roble

y sus hijos acampen en tu umbral

 

charlareis de gatos y de bulbos

de ingredientes que ya no son secretos

y de abuelas perdidas en la bruma

 

os sabréis tan hondo y de memoria

que brotarán en la noche los gestos

como rápidas flores de película

 

no habrá lugar para el puñal ni el pánico

cuando el cielo os cubra como seda

cuando la tierra reciba las rodillas

 

el bosque dirá acércate al temblor

mientras las vacas se apartan

la mosca de la muerte

 

abraza mi vaho mugirá el tren

porque temes lo que te sobrevive

pero nada dura más allá de su relato

 

miedo, cromo que intercambias

articulación que crea caricia

escarapela que colorea la derrota

 

miedo, perro, eslabón, músculo

apestado espejo de frágiles porcelanas

pegamento posible de lo humano

 

cuando puedas invocar al vecino en su nombre

sentaros los dos a la humilde cena

para qué entonces verjas y cerrojos

 

en qué casa abierta moriréis juntos.

  

De: “Seronda”

 

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