Cuando
ames las arrugas del vecino
la
vecina contigo adore al roble
y
sus hijos acampen en tu umbral
charlareis
de gatos y de bulbos
de
ingredientes que ya no son secretos
y de
abuelas perdidas en la bruma
os
sabréis tan hondo y de memoria
que
brotarán en la noche los gestos
como
rápidas flores de película
no
habrá lugar para el puñal ni el pánico
cuando
el cielo os cubra como seda
cuando
la tierra reciba las rodillas
el
bosque dirá acércate al temblor
mientras
las vacas se apartan
la
mosca de la muerte
abraza
mi vaho mugirá el tren
porque
temes lo que te sobrevive
pero
nada dura más allá de su relato
miedo,
cromo que intercambias
articulación
que crea caricia
escarapela
que colorea la derrota
miedo,
perro, eslabón, músculo
apestado
espejo de frágiles porcelanas
pegamento
posible de lo humano
cuando
puedas invocar al vecino en su nombre
sentaros
los dos a la humilde cena
para
qué entonces verjas y cerrojos
en
qué casa abierta moriréis juntos.
De:
“Seronda”
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