Una
armonia para sordos y mudos
Quiero
vivir humilde y con ternuras
ser precario y modesto a toda hora,
besar al viento, beber un breve vino
que me llene de sol y de esperanzas
acariciar la generosa lluvia,
anhelo ser enfermero sumiso
provisto de algodones níveos
que mitiguen las penas del destierro
quiero dar una taza de café
a blancos, negros y amarillos
un sorbo de mistela a policías
y a hombres proscritos de la vida
un brandy y unos dátiles a Ezra y Nicomedes
un pan con miel a los perros de Huatulame
una armonía mágica a los sordos y mudos,
un sudario a las viudas del barrio,
una baldosa, unas velas y un anillo de ágata
para todas las novias seducidas,
una máscara azul para ingenios y quijotes
a quienes engañamos diariamente
y un sepulcro muy blanco y una cruz
al prójimo que sucumbió en el mar
sin conocer la causa.
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