Canción
de mi Alma
¿Acaso
la forma de la juventud sin tacha no es la forma divina?
¡Hijos del amor, hoy cantaré mi canción para vosotros!
Bajo
el cielo en el rayo del mediodía ardiente, en la vega,
el sonido de la cascada precipitada;
nosotros dos solos juntos, ocultos por los árboles y la espesura;
desnudo el lascivo pilluelo, el esbelto y hermoso muchacho,
desnudo yo mismo, moreno, musculoso como un dios, el hombre rudo y resistente;
él, un ser humano plenamente formado a su manera,
yo mismo, un ser humano plenamente formado a mi manera;
ningún patronazgo entre nosotros, respeto mutuo, dos personas iguales;
él conociendo el universo, yo conociendo el universo, iguales juntos;
yo teniendo tanto que aprender de él como él de mí;
de él a mí, de mí a él, amor espiritual sexual recíproco.
Ninguna
palabra necesaria, apenas siquiera una mirada, místicamente
los miembros se entrelazan, los cuerpos se interpenetran,
los espíritus se funden.
(Apenas necesita él estar allí, es en el reino de la Imaginación donde los
verdaderos amantes se encuentran).
¡Oh lengua ardiente y labios calientes de mí explorando a mi amor!
¡Lava su garganta con el burbujeante manantial de mi verso!
¡Empápalo! ¡Apaga sus lomos con él, oh elocuentísimo!
¡No dejes parte, ni grieta sin explorar; ahonda, lengua mía de juglar!
¡Que nuestros jugos inunden y se mezclen! ¡Que fluya la lava profética!
¡Bebed hondo del amor, los dos, oh comunión sacramental,
mientras nuestras almas se encuentran y se funden!
El sudor de nuestras axilas corre sobre nuestros pechos.
¡Sean nuestros cuerpos sellados juntos, que se separen con un chasquido!
Yo seré padre y madre a la vez para ti, hijo mío, tú mamarás de mi seno.
Y tú serás madre y padre para mí, y me darás a chupar mi inspiración melosa de
tu pezón derecho y de tu izquierdo.
No dejarás porción alguna de mí sin saborear, me volveré fluido por tu causa.
Te alimentaré espiritualmente con una sustancia que hará de ti un hombre,
con la leche de la hombría divina saciaré tu alma.
Rápido, tus labios bajo mi ubre poética,
ternero de mi propia alma, tira, tira. ¡Extrae los himnos varoniles!
Pues yo soy aquel que llenará tus jóvenes venas con las semillas de toda la
futuridad.
¿Acaso
la forma de la juventud sin tacha no es la forma divina?
¡Hijos del amor, hoy cantaré mi canción para vosotros!
Bajo
el cielo en el rayo del mediodía ardiente, en la vega,
el sonido de la cascada precipitada;
nosotros dos solos juntos, ocultos por los árboles y la espesura;
desnudo el lascivo pilluelo, el esbelto y hermoso muchacho,
desnudo yo mismo, moreno, musculoso como un dios, el hombre rudo y resistente;
él, un ser humano plenamente formado a su manera,
yo mismo, un ser humano plenamente formado a mi manera;
ningún patronazgo entre nosotros, respeto mutuo, dos personas iguales;
él conociendo el universo, yo conociendo el universo, iguales juntos;
yo teniendo tanto que aprender de él como él de mí;
de él a mí, de mí a él, amor espiritual sexual recíproco.
Ninguna
palabra necesaria, apenas siquiera una mirada, místicamente
los miembros se entrelazan, los cuerpos se interpenetran,
los espíritus se funden.
(Apenas necesita él estar allí, es en el reino de la Imagenación donde los
verdaderos amantes se encuentran).
¡Oh lengua ardiente y labios calientes de mí explorando a mi amor!
¡Lava su garganta con el burbujeante manantial de mi verso!
¡Empápalo! ¡Apaga sus lomos con él, oh elocuentísimo!
¡No dejes parte, ni grieta sin explorar; ahonda, lengua mía de juglar!
¡Que nuestros jugos inunden y se mezclen! ¡Que fluya la lava profética!
¡Bebed hondo del amor, los dos, oh comunión sacramental,
mientras nuestras almas se encuentran y se funden!
El sudor de nuestras axilas corre sobre nuestros pechos.
¡Sean nuestros cuerpos sellados juntos, que se separen con un chasquido!
Yo seré padre y madre a la vez para ti, hijo mío, tú mamarás de mi seno.
Y tú serás madre y padre para mí, y me darás a chupar mi inspiración melosa de
tu pezón derecho y de tu izquierdo.
No dejarás porción alguna de mí sin saborear, me volveré fluido por tu causa.
Te alimentaré espiritualmente con una sustancia que hará de ti un hombre.
Con la leche de la hombría divina saciaré tu alma.
Rápido, tus labios bajo mi ubre poética,
ternero de mi propia alma, tira, tira. ¡Extrae los himnos varoniles!
Pues yo soy aquel que llenará tus jóvenes venas con las semillas de toda la
futuridad.
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