El
ensueño
Sueña
más, sueña mucho, y siempre…
Oye: el ensueño tiene sublimes armonías.
El ensueño es un pájaro de plumaje de seda
Que solloza en las tardes dolorosas y dulces
Las baladas extrañas del país de la niebla!
Él
se abisma en las noches melodiosas, y llora,
—Bardo triste y enfermo,— su nostalgia suprema
De la luz; y en la tarde apacible del huerto
A la sombra le rima su divina tristeza…
Él
es el artífice magno que enciende en la arista
De las claras y vividas gemas,
El iris que evoca las cortes lejanas de Oriente,
Los cuentos radiantes y antiguos, las pálidas reinas
Y los magos que exploran en torres sombrías
El eterno desfile de astros y azules estrellas…
¡El
ensueño es un pájaro azul que comprende
El secreto del bien y del mal de la pena!
Él vuelve á tus manos sus ojos tranquilos
Y al mirar el blancor de tus manos recuerda
El marfil de los Cristos dolientes, amargos y tristes,
Que guardaban las viejas abuelas
Con los largos rosarios benditos, y antiguas
Estampas de santos y mártires de rostros de cera.
El
vuelve á tus ojos sus ojos tranquilos y puros,
Y al ver en tus ojos esa luz que estremece y apena,
Recuerda las claras pupilas mojadas de llanto
De las pobres hermanas mendigas y enfermas
Brillando indecisas en la honda penumbra
De las grandes y azules ojeras.
¡El
ensueño es un sabio que conserva en los labios
El sabor agridulce de la fruta suprema!
¡Oh
extraña sombra taciturna y doliente
Que mi verso proteges, que mi huerto atraviesas
En la desolación de la tarde, — como una
Divina encarnación de mi fe y de mi pena;—•
Bajo las alas del Ensueño juntemos
Nuestras cabezas ebrias
Del vino de la vida, — y en la tarde que muere,
Melancólicamente, con honda tristeza,
Deshojemos las rosas purpúreas de los besos,
De los besos que sangran y al morirse se quejan
Como divinos pájaros que en la paz del crepúsculo
Riman una sonata a la primera estrella!
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