martes, 30 de junio de 2026

EMILIO ORIBE

 

   

 

La estrella polar

 

El navío pasó hace muchos días
la línea ecuatorial.

Esta noche,
en vano hemos buscado por el cielo,
a la Osa Menor con su estrella polar.
La niebla oculta todo el horizonte
al subir desde el mar.

Hace noches que vamos entre brumas.
Quedó, en mi país, la Cruz Austral.
No enciende
ya en mi frente su cuádruple fanal
para guiarme!

El candelabro astral
de cuatro luces…

Mas la estrella polar
nos espera en el norte.
La veremos
muy pronto sobre el mar.

Media noche. El espacio se hace diáfano
en la invertida copa tropical.

Hacia occidente,
la rueda gigantesca zodiacal,
pasa girando con sus doce carros
colgantes, por el aire de cristal.

Toman asiento en ellos las estrellas
y en tanto que unas bajan, otras suben,
y alzan alegre coro musical,
como las niñas en la rueda aérea
de un parque provincial.

¿Qué pide el corazón sino silencio?

Como ya no tendré las fieles llamas,
de mi altísima cruz para rezar,
no escucharé aquel coro de los cielos,
y buscaré la estrella
polar, para soñar.

Que no me niegue Dios la lumbre nórdica
que nunca he visto en mi interior brillar!

Quiero, en vez de las cuatro
joyas crucificadas que he perdido,
solamente la estrella polar,
para soñar…

 

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