La
estrella polar
El
navío pasó hace muchos días
la línea ecuatorial.
Esta
noche,
en vano hemos buscado por el cielo,
a la Osa Menor con su estrella polar.
La niebla oculta todo el horizonte
al subir desde el mar.
Hace
noches que vamos entre brumas.
Quedó, en mi país, la Cruz Austral.
No enciende
ya en mi frente su cuádruple fanal
para guiarme!
El
candelabro astral
de cuatro luces…
Mas
la estrella polar
nos espera en el norte.
La veremos
muy pronto sobre el mar.
Media
noche. El espacio se hace diáfano
en la invertida copa tropical.
Hacia
occidente,
la rueda gigantesca zodiacal,
pasa girando con sus doce carros
colgantes, por el aire de cristal.
Toman
asiento en ellos las estrellas
y en tanto que unas bajan, otras suben,
y alzan alegre coro musical,
como las niñas en la rueda aérea
de un parque provincial.
¿Qué
pide el corazón sino silencio?
Como
ya no tendré las fieles llamas,
de mi altísima cruz para rezar,
no escucharé aquel coro de los cielos,
y buscaré la estrella
polar, para soñar.
Que
no me niegue Dios la lumbre nórdica
que nunca he visto en mi interior brillar!
Quiero,
en vez de las cuatro
joyas crucificadas que he perdido,
solamente la estrella polar,
para soñar…
No hay comentarios:
Publicar un comentario