martes, 30 de junio de 2026

BERNARD SPENCER

 

 

  

En el camino

 

Nuestro techo eran uvas y las amplias manos de la vid
mientras nosotros dos bebíamos en la sombra entreabierta de las viñas
de la Francia de la cosecha;
y adondequiera que condujera el camino blanco poco podía importarnos,
nos había llevado allí,
al emparrado construido en la ladera de un valle donde el tiempo,
si es que el tiempo existía todavía, era aquel río
de corriente tan profunda que al mismo tiempo
fluía y permanecía.

Nosotros dos. Y no faltaba nada en el mundo entero.
Es después cuando uno lo comprende. Olvido
el año exacto o lo que dijimos. Pero el lugar
arde para toda la vida con luz de mediodía. Allí están la rústica
mesa y los bancos dispuestos; más allá del río
bosques suaves como nubes caídas, y en
nuestro vino y en nuestros ojos recuerdo otros mediodías.
Es mucho decir: no faltaba nada;
río, sol y hojas, y yo construyendo
palabras para decir “uvas” y “su piel”.

 

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