De
cómo el silencio fue sonoro la noche del nacimiento
Era
el silencio por la noche plena
al filo del feliz alumbramiento,
como rabel que de afinado suena
al menor y sutil tacto del viento.
Velaba
su Rocío la Azucena
pesando en su cogollo el firmamento;
y a su peso la nieve, ya serena,
doblaba su candor y cielo atento.
Destellando
extremadamente bella,
asombrando la esfera en manso vuelo
caía al suelo la mejor estrella.
Resuelto
en lenguas de alta plata el hielo,
era rabel de amor por la Doncella,
que adormecía en su regazo cielo.
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