domingo, 11 de marzo de 2012

ARTURO ARCÁNGEL





Sin salida


Hoy me enteré de un niño
que pereció de frío
mientras nuestras almohadas rodaban por el piso
y hervían nuestros cuerpos desechando las mantas.

Hoy supe de una anciana
que llora sus dolores
mientras bebe el ajenjo difícil del olvido.

(Nosotros no los vimos
porque hay porteros grises
preservando este barrio de parias y mendigos)

Hoy aprendí a quererme
por si me acosa el frío.

Hoy aprendí a quererte
porque serás anciana.

Y aunque un poeta escriba, después, en otro siglo,
no nacerán estrellas,
ni crecerán los trigos,
no habrá vino en la lluvia
ni Dios existirá
porque no habrá murallas
ni represas tan sólidas
que salven nuestros cuerpos
del frío y el olvido.

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