jueves, 18 de octubre de 2018

PACO IGNACIO TAIBO





Septiembre:



Un día,
el día en que no me detuvieron,
en que ni siquiera me tocaron los golpes,
porque la ley y el orden
me desprecian un rato
descuidados
(era de tarde, llovía).
se olvidaron de mí.
Era un día en que caminé por Insurgentes y los
coches azules
llenaban la calle
hasta sacarla.

Ese día

tenía de papelitos arrugados
llenando los bolsillos.
Si me hubieran registrado
me hubiera sido imposible explicarles
cómo fueron escritos
(es difícil explicar cosas así),
bajo qué luz,
con quiénes,
en qué horas del día
repartía mis pequeños odios con el odio grande
de los miles que éramos.

Es difícil explicarles a ellos.
Los papeles del bolsillo, digo,
eran poemas, o casi,
eran días asustados, gastados, sonrisas repartidas como
volantes en las
esquinas,

eran pintas chiquitas,
casi para mí mismo,
para situarme en el planeta genial
que era hoy la ciudad,
declaraciones insólitas de mi complicidad conmigo mismo,
con lo que estábamos haciendo.

Si entonces ese día,
alguien hubiera dicho
¿de dónde han salido?;
¿quién los hizo?
Son subversivos, reflejan tu anarquismo, tu desconfianza
del mundo,
tus problemas sexuales, tu falta de tristeza, tu soledad
corrupta;
son muestra de que eres aún adolescente, de que en el
fondo desconfías de tí mismo.. .

yo hubiera dicho:
ivete a la mierda! Son sólo poemas; poemas solamente,
y reflejan (nada refleja) todas esas cosas...y además,
todos tenemos papeles en los bolsillos.

Pero hoy, otro día,
si me preguntan qué pasó con ellos,
sería difícil explicar
explicar que estaban por aquí,
que se fueron por las alcantarillas mientras su autor
(corría,
que se derritieron de sudor entre los dedos,
o que están aquí porque los he guardado.
¿Acaso importa? Los volvería a hacer.


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