misericordiosos
eran los escitas
cuando murió el rey
asfixiaron con una cinta a su concubina más querida
y el cuerpo muerto de ella
lo echaron a una pira
se mezclaron sus cabellos
con las cenizas de las manos de él
sus pequeños dientecillos
con las cenizas de los labios de él
y cuando las llamas se oscurecieron
recogieron las cenizas calientes
y enterraron todo
en un amplio ataúd
labrado de hierbas y flores
en las que habitaba el viento
De: “Y
un recuerdo más”
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