martes, 27 de enero de 2026

LUIS FELIPE CONTARDO

 

 

Vespertina

 

Fue así, clara y azul, la tarde aquella.
Tardes, en que del mundo en el santuario,
Cada lirio silvestre es incensario,
Y lámpara de oro cada estrella.

Con rumores de mística querella,
Flotaba sobre el valle solitario
La oración del musgoso campanario
Que entre los techos del lugar descuella.

Murió esa voz. De la montaña bruna,
Bajó una garza con callado vuelo
Al dormido juncal de la laguna

Todo fue paz… y en la infinita calma
Del día agonizante, subió al cielo
Como el aroma de una flor, su alma.

 

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