Vespertina
Fue
así, clara y azul, la tarde aquella.
Tardes, en que del mundo en el santuario,
Cada lirio silvestre es incensario,
Y lámpara de oro cada estrella.
Con
rumores de mística querella,
Flotaba sobre el valle solitario
La oración del musgoso campanario
Que entre los techos del lugar descuella.
Murió
esa voz. De la montaña bruna,
Bajó una garza con callado vuelo
Al dormido juncal de la laguna
Todo
fue paz… y en la infinita calma
Del día agonizante, subió al cielo
Como el aroma de una flor, su alma.
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