viernes, 10 de mayo de 2019

SERGIO CRUZ



  

Homenaje

En memoria de Guillermo Fernández



1.

Como si nada hubiera pasado
luces de camión en la avenida, hogares
prefabricados de concreto tiemblan en su estructura
y aviones elevan su oración de pasajeros en el techo.
Debajo de todo, el poeta muere cuantas muertes
se ocultan en el asfalto que nos recorre.

Cada día más cerca,
el dios urbano de los hostiles
maldice contra su piel henchida las ventanas
que perdieron tiempo, risas crujiendo en el verano,
formas de otras formas que no se manifiestan
y cose mortajas para las niñas que todavía
esperan levantar sus manos sin que otros las amenacen.
Es marzo y el mundo se acaba.
Es marzo y las niñas desaparecen.

No dejemos la memoria congelarse.


2.

¿Quién dejó crecer esta violencia? No sé.
No fue así. Así no era. No tiene que ser: el poeta
asesinado debe reencarnar en otro poeta, la niña muerta
en el brazo de su nueva madre. El que mata a otro
no sabe que, de alguna manera, se mata a sí mismo
en otra tierra. No sabe. Hay que enseñarle cómo
se sufre afuera de su piel, cómo los otros tratamos
de deglutir nuestra miseria. Como todo, como vino,
como la vida que nunca se disgrega,
¿Quién dejó crecer esta violencia?


3.

Que los huesos no se cansen de gritar
la tensión de nervios en el cuello
y falanges enlutadas ahora estiren:
Guillermo Fernández está muerto.

Que se aúllen los ritmos del crimen,
que la voz no se hunda en nuestras manos:
tendrán que ver los cuerpos en los ríos
que el padecer insostenible no fue en vano.

Mataron a una alumna en noviembre
después de cobrar fianza, y la encontraron
sus padres en un campo, descuartizada.
Hay tantos como Guillermo que mataron:
angustia
de que la muerte del poeta no se vea
en cada sueño que regrese a nuestros muertos,
de que el discurso por el aire sólo arranque
con retórica los gritos fragmentarios
de una lágrima, una voz, un sólo llanto
y los queme lentamente en el silencio
como si nada,
     nunca,
hubiera pasado.


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