miércoles, 24 de diciembre de 2025

ANTONIO ARROYO SILVA

  

 

 

De cómo el animal fue a morir
debajo de la cama de mi hermano
y de cómo no hay nada extraordinario
en buscar el calor en su último aliento;
pero extrañarse es necesario
ante una circunstancia tan humana
que los humanos la olvidaron
como propia. Se muere
y nace el paraíso, dicen.
El cielo de la perra era el calor
de mi hermano, debajo de la cama.
Allí, sin ángeles, murió. No sabía
qué era eso de morir
ni por qué tanto diablo se esconde
debajo de otras camas.

  

De: "La memoria del roce”

 

 

 

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