miércoles, 24 de diciembre de 2025

OPHIR ALVIÁREZ

 

 

Gradación nocturna

 

 

Prendo velas como si creyera, como he visto a la gente en algún templo. Huelo a fósforos, a humo que se espanta, a súplica; no importa qué mastico ni que la leche manche de culpa los colmillos. No importa la uña que hurga y entra y entra y nunca sale ¡qué imprudencia! No importa el peso de la falda o el susurro de mi abuela al viento —es el mismo clamor—, ni el escote, los pezones, las llagas en los pies ajados. Duelen las mitades cuando el divisor no es par y la tarea se mofa en los números primos. No hay colección de dedos ni de nombres, el desapego a la cama que se viste mientras me desnudo de la lágrima y el ala azul de la libélula. Artificio de piernas sembradas en arena, el agua moja el talón que me torcí una noche en la que la gula durmió entre capiteles y capitales que no llegaron a pecado porque soy finita y el desvelo me hace surcos en los ojos, patas de palo, no hay Campanita, ninguna pared o coartada.

 
 
 

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