En
la falda del monte la niebla y arriba
el sol de octubre, tibio, la mañana. Por los cerros
carrascas sueltas, peñascales, algún
rebaño. Cuanto toques, que crezca o al menos
que no se seque por tu abulia. La tersura
del acebo, que conoció la ventisca, los regatos
que bajan muy crecidos por las cárcavas. Que no
te ciegue lo que riela, su espejismo. Si se abriese
el día, descender, con esta levedad tan nítida
bajar al hombre, ser otoño sin énfasis. Existir.
-CONTORNOS DE LA NIEBLA-
De:
“Endechas del consuelo”
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