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Mi
madre no tiene cuarto.
Camino por su infancia de suelos negros
y sus lesiones me agreden.
No es suya ninguna grieta del mundo
solo la edad de los árboles
que la esconden
la cicatriz de sombra que lleva
en la lengua
el grito feroz del páramo
desanudándose
de ella.
Cuando
no queda pan para su hermano
desmembra las rejas, traspasa
el horizonte de su cuarto.
¿A qué velocidad irá la casa?
¿Hacia qué norte?
El
cuarto de mi madre yace en mi cuarto
irriga mis manos negras con su voz vacía
es el lugar de la casa al que al final
lego mi cuerpo
allí
desleo la Historia
mientras entretejo la noche
con cada nudo huérfano
de su cabello
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