El
faro del amanecer del sábado
Sobre
toda aquella piedra,
Remota y venerable,
Movimiento de intensa grandeza
Pasaban los gatos
Asomando las colas entre las rejas,
Orinaban los borrachos
Entonando un salmo sin rendición;
Y fornicaban los amantes
Colapsando el deseo,
Cuando el alba tampoco podía ser vista.
Negamos la puesta de sol
Porque fuimos ocaso de luna,
La navaja que traspaso el oprobio.
Sinceros perdedores de lo que fue.
De:
“Un exilio voluntario”
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