viernes, 9 de enero de 2026

ALFRED DOUGLAS

 

 

Hastío

  

¡Ay! Que la primavera vuelva otra vez
en las suaves alas de los días deseados
y no traiga bálsamo alguno para el dolor
ni claridad de caminos serenos.

Hubo un tiempo en que sus pasos lejanos,
presentidos por un saber casi divino,
daban a mi oído atento una feliz señal,
y mis pensamientos, frescos y puros,
volaban como alondras hacia la mañana
desde prados cristalinos de rocío.

Volaban a alturas celestes
y veían el mundo como una bola de fuego,
hecha para ser juguete de un monstruo
que encantaba mi joven deseo.

Ayer, en cambio, volaron hacia esta nube negra,
perdiendo el camino a las esferas etéreas,
y vieron la tierra como visión de espanto,
a los hombres como una turba ruin,
bebieron lágrimas amargas y miedos,
y vieron las casas vacías del Gozo.

El sol se ha hundido en un mar sin luna,
todo camino desciende del cielo al infierno,
las perlas del rosario de la juventud están contadas,
he sobrevivido a los días deseables.

¿Qué queda ahora? ¿Cómo cantarán los muertos
a las cuerdas sueltas del Amor y el Odio?
¿Quién dará voz al Descontento,
o hará del desdén una palabra?

 

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