¡Gracias
por los dones del alma y el cuerpo;
por este camino hirsuto,
por la tierra reseca y los surcos fecundos;
por el agua y la sed, la luz y la fatiga!
¡Gracias por ella, tiene grandes ojos de jacinto
y su sueño es azul, humo amanecido!
Tiene el nombre de tu Madre
y canta a los niños, teje leyendas
con cielos y estrellas desconocidos;
ama la belleza y retorna a su camino
para cultivar rosales con que vestir los hijos.
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