499.
«La
avenida Urdaneta era como un ave perdida de las alas de su vuelo. Conté unos
cuantos jóvenes soldados apostados en la calle en celebración de no sé qué
aniversario militar. Finalmente pude tomar un taxi en la Baralt. Supe que lo
era por un cartoncito colocado de cualquier manera en el parabrisas. Solo la
memoria es rosa no ajada por los años. Desde luego mucho el tiempo
transcurrido. En el café del Pasapoga, a una chica extasiada Oswaldo Trejo
(caballero helado que ardía en fogatas de santa literatura) le hablaba de
Moira, novela de Julien Green. Unos pasos más abajo, cada tarde, don Julio
Garmendia sacaba a pasear el perro algo apaleado de una hipnótica
desesperación. Un personaje como salido del teatro de Beckett encontraba su
mejor escenario en las cercanías del hotel Cervantes, donde por años vivió»,
dijo una antigua paseante por esos parajes.
De:
“Sin orden ni concierto”
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