otra
vez olvidé pensarte
en su lugar
como
excusa
llené
jarros de niebla
y regué mis minutos con las palabras de otras bocas
que hoy tampoco nos dicen nada
que no nos aguardan
ni complementan
que seguramente no existan más allá de las aburridas esclusas de la lujuria
preparadas para transformarse en lo que nos sea guante
hasta que la realidad vuelva a imponerse
De:
“Lluvia sobre piedra”
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