quizá
lo que falta
es lo que no cejé en evitar y late ahora desde el fondo de mi deseo
arañando mis huellas
dispuesto a mostrar su grandeza en el preciso instante en el que aparte la
mirada
y revuelva entre sombras las míseras armas que aún me quedan
las que rechacé segura de mis habilidades y de la justicia divina
desbordante de imágenes de un posible mejor
de aquel que te viste pese a los saltos y los laberintos
y a todo el metal que vendiste precioso y hoy nos vuelve los dedos glaucos
De:
“Lluvia sobre piedra”
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